En un evento donde los destinos compiten por atención, tecnología y espectáculo, Castelldefels ha decidido ganar desde otro lugar: desde la coherencia, la identidad y el respeto al territorio. En FITUR 2026, su stand se ha convertido en uno de los espacios más sostenibles y auténticos de toda la feria, trasladando literalmente un chiringuito real al recinto ferial y demostrando que la innovación también puede oler a salitre, a huerta y a cocina a fuego lento.
Un espacio donde no se hablaba de sostenibilidad: se practicaba.
Nada más cruzar el umbral del stand de Castelldefels, el visitante entendía que no estaba ante una recreación artificial. Era un chiringuito de verdad, con materiales naturales, estructura ligera, integración visual con el entorno y una atmósfera que evocaba playa, Mediterráneo y calma.
En una feria marcada por grandes pantallas, estructuras efímeras y montajes de alto impacto, Castelldefels apostó por lo esencial, producto local, tradición reinterpretada, cercanía y sostenibilidad real, no de discurso
Más allá del diseño del stand, Castelldefels ha destacado en FITUR 2026 por algo todavía más valioso y menos frecuente: su forma de gobernar.
El municipio se ha presentado como un ejemplo real de cooperación institucional, donde el liderazgo del alcalde, Manuel Reyes, se traduce en una manera de trabajar en la que todos los concejales, independientemente de su color político, avanzan en la misma dirección: la correcta, la del interés general y el desarrollo del territorio.
En un contexto donde la confrontación suele eclipsar los proyectos, Castelldefels ha demostrado que cuando hay visión compartida, el resultado se nota. Y FITUR ha sido el mejor escaparate para comprobarlo.
Durante nuestra visita al stand, no solo asistimos a una presentación turística impecable, sino que vivimos una experiencia de acogida genuina. El propio concejal de Turismo, Guillermo Massana, se acercó personalmente a presentarse.
Un gesto que puede parecer sencillo, pero que dice mucho de una forma de entender la política turística: cercana, abierta y colaborativa.
Otros concejales del Ayuntamiento de Castelldefels se sumaron también a esa atención constante, haciéndonos sentir no como visitantes, sino como parte de la casa, como aliados naturales de un proyecto que cree en las redes, en las sinergias y en la cooperación entre territorios y entidades.
Ese trabajo conjunto se refleja en los resultados. Castelldefels ha triunfado en FITUR 2026 no solo por su propuesta gastronómica y sostenible, sino por haber obtenido reconocimientos que avalan una estrategia sólida, como el distintivo Saborea España y la Q de Calidad Turística, símbolos de un modelo que apuesta por la excelencia, la planificación y el valor añadido.
Nada de esto sería posible sin una administración local que entiende el turismo como política transversal, donde cultura, gastronomía, sostenibilidad, identidad y economía local caminan juntas.
La sensación compartida por quienes pasamos por el stand fue clara: Castelldefels no se limitó a mostrarse, se dejó conocer. Y eso solo ocurre cuando hay un equipo humano detrás que cree en lo que hace.
Ese clima de cooperación política, de trabajo en equipo y de hospitalidad institucional convierte al municipio en algo más que un destino: lo convierte en un modelo replicable, especialmente para otros territorios que buscan posicionarse desde la autenticidad y la calidad, y no desde la masificación.
Gobernar para sumar, también es sostenibilidad
Si la sostenibilidad fue uno de los ejes visibles del stand, la sostenibilidad política y humana fue su columna invisible. Porque no hay proyecto turístico duradero sin estabilidad, diálogo y objetivos compartidos.
El momento central de esta experiencia fue el show cooking del Arroz de Castelldefels, una receta que representa a un territorio.
Al frente de los fogones, Manuel A. Ortiz Chumillas, cocinero y Presidente del Gremio de Hostelería de Castelldefels, acompañado por Mingo Morillas, Presidente de la FIHRT (Federación Internacional de Hostelería, Restauración y Turismo).
Dos perfiles distintos, una misma visión: la gastronomía como herramienta de identidad y desarrollo local.
El Arroz de Castelldefels es una receta de mar y montaña, una combinación que resume la esencia del territorio con productos frescos del Mediterráneo, ingredientes de la huerta, equilibrio, técnica y respeto por todo ello que trataba de explicar por qué ese arroz existe, de dónde viene y qué representa.
Cada gesto, cada ingrediente, cada explicación construía un relato donde el turismo gastronómico se convierte en experiencia cultural.
Mientras el arroz tomaba forma, el stand se llenaba de profesionales, instituciones, medios y visitantes que entendían que ese plato decía mucho más de lo que aparentaba.
Como presidenta de ANCYCO (Asociación Nacional de Coliving y Coworking), mi presencia en el stand tenía un valor añadido: conectar gastronomía, turismo, innovación y territorio.
La colaboración con la FIHRT no es casual. Representa una manera de trabajar donde las alianzas suman, donde el sector privado, las asociaciones y las instituciones caminan juntas.
Uno de los momentos más significativos de la jornada se vivió mientras, literalmente, compartíamos ese arroz.
Junto al Secretario General de la FIHRT, Daniel Brasé Arnau, avanzábamos en nuestro nuevo proyecto de Destino Amigable para Mujeres Viajeras, una iniciativa que apuesta por la calidad de acogida y la experiencia auténtica.
Hablar de futuro mientras se degusta un plato que nace del pasado y del presente es, quizá, una de las mejores metáforas del turismo que viene.
El Arroz de Castelldefels no es exportable como receta sin alma. Necesita su lugar, su producto, su gente. Y eso es precisamente lo que lo convierte en un valor turístico diferencial.
En una feria global, lo local bien contado se convierte en universal. Castelldefels no quiso impresionar: quiso convencer. Y lo logró.
El stand fue punto de encuentro, de conversación pausada, de degustación consciente. Un espacio donde el tiempo parecía ir a otro ritmo, más cercano al del viajero que busca algo más que una foto.
Cada cucharada del Arroz de Castelldefels era una invitación a visitar el destino, a sentarse frente al mar, a entender que el turismo también se vive alrededor de una mesa.
Castelldefels ha demostrado en FITUR 2026 que la sostenibilidad no es una etiqueta, sino una forma de hacer. Que la gastronomía es una de las mejores narradoras de un lugar. Y que cuando un ayuntamiento trabaja unido, el territorio gana. Y cuando el territorio gana, lo perciben los visitantes, los profesionales y
los medios.
Un chiringuito real.
Un arroz con identidad.
Una conversación sobre futuro.
Y la certeza de que el turismo que se cocina a fuego lento es el que deja recuerdo.

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