Madrid, FITUR 2026.
Hay encuentros que no se buscan y, precisamente por eso, se vuelven memorables. Ocurren mientras se camina sin prisa entre pabellones, cuando el ruido de la feria se diluye y algo —una imagen, una persona, una historia— detiene el paso. Así fue como, por los pasillos de FITUR, me encontré con la princesa de los cuentos, Rosana Largo.
No llevaba corona, pero sí algo mucho más difícil de sostener: un universo propio. Un mundo hecho de telas, símbolos, relatos y memoria, que se desplegaba ante los ojos de los visitantes como una narración en movimiento. Sus vestidos no desfilaban: contaban historias.
Rosana Largo y yo compartimos algo más que un saludo entre pabellones. Ambas fuimos finalistas de la Copa España Creativa, un espacio donde el talento, la identidad territorial y la innovación se dan la mano. Fue allí donde pude conocer de cerca a una mujer dulce, cercana y profundamente coherente con su proyecto vital y creativo.
Desde Paredes de Nava, en plena Tierra de Campos palentina, Rosana ha conseguido algo que muchos considerarían imposible: llevar el imaginario de un pequeño pueblo castellano hasta Times Square, el corazón visual de Nueva York. Un cartel que no solo mostraba arte, sino territorio, raíces y relato.
Ese logro no es casual. Es el resultado de años de trabajo silencioso, de una mirada que no renuncia a lo local para ser universal.
Entre los muchos reconocimientos que avalan su trayectoria, Rosana Largo ha sido premiada en el Museo del Louvre, uno de los templos internacionales del arte. Y, sin embargo, su discurso no se ha desplazado hacia la grandilocuencia ni hacia la distancia.
Al contrario.
Su trabajo vuelve una y otra vez al origen, a los cuentos, a la infancia y a la memoria colectiva.
Eso es lo que convierte su obra en algo más que moda. Es patrimonio emocional.
En FITUR 2026, sus preciosos vestidos desfilaron por los pasillos, rompiendo la lógica habitual de la feria. Allí donde se esperan pantallas, folletos y cifras, aparecieron volúmenes de tela, transparencias, bordados y estructuras que parecían sacadas de un libro ilustrado.
Cada vestido era un capítulo.
Cada textura, una frase.
Cada mirada del público, una lectura distinta.
Los asistentes se detenían, preguntaban, fotografiaban. Pero, sobre todo, sentían.
Porque los cuentos, cuando son honestos, no pertenecen solo a la infancia. Nos acompañan toda la vida.
En el stand de Castilla y León, este año, la Comunidad ha sabido tejer un relato que une ciencia, creatividad, territorio y cielo.
Un relato donde la innovación no niega la tradición, sino que la amplifica.
Allí, entre tejidos y conversaciones, se produjo una imagen cargada de simbolismo: el prestigioso astrónomo español Rafael Bachiller, junto a su mujer y Rosana Largo.
Rafael Bachiller, al que he podido conocer personalmente y disfrutar de su sabiduría, no es solo uno de los astrónomos más reconocidos de nuestro país. Es también un divulgador incansable, alguien que entiende que el conocimiento científico no debe quedarse en los laboratorios, sino viajar, explicarse, compartirse.
Este año ha sido asesor de las instituciones de Castilla y León en todo lo relacionado con el eclipse, un acontecimiento astronómico que ha situado a la Comunidad en el mapa internacional y ahora las estrellas también forman parte del relato del territorio.
Durante siglos, los eclipses fueron interpretados como presagios, señales divinas, interrupciones del orden natural. Hoy sabemos explicarlos desde la física, pero no por ello han perdido su capacidad de asombro.
Castilla y León ha entendido algo esencial:
el eclipse no es solo un fenómeno científico, es una experiencia cultural y emocional.
Y ahí es donde conecta con el universo de Rosana Largo.
Porque, en el fondo, la ciencia y los cuentos nacen del mismo lugar:
la necesidad humana de entender el mundo.
En Paredes de Nava, Tierra de Campos palentina, se encuentra el Museo de los Cuentos, un espacio singular donde la imaginación, la tradición oral y la creatividad contemporánea dialogan sin complejos y donde los cuentos y la física se dan la mano.
Es allí donde los cuentos dejan de ser solo palabras y se convierten en experiencia. Donde el visitante entra en un relato y sale transformado.
Que ese lugar sea el punto de unión entre la moda artística, la divulgación científica, el turismo cultural y el mundo rural, no es casualidad, es visión.
FITUR 2026 ha demostrado que no todo ocurre en las agendas oficiales. Muchas de las cosas importantes suceden en los pasillos, en los cruces inesperados, en las conversaciones sin micrófono.
El encuentro entre Rosana Largo y quienes compartimos esa experiencia es uno de esos momentos que no se planifican, pero se recuerdan.
Tierra de Campos es horizonte, silencio y amplitud. Un lugar donde el cielo tiene una presencia constante, casi física. No sorprende que desde allí surjan proyectos que miran a las estrellas y al mismo tiempo al interior de las personas.
Paredes de Nava no es solo un punto en el mapa. Es un nodo creativo, un lugar donde se demuestra que la cultura no depende del tamaño del municipio, sino de la ambición del proyecto.
Los vestidos de Rosana Largo no podrían haber nacido en cualquier lugar. Están impregnados de campo, de historia, de tiempo lento. Son piezas que dialogan con el paisaje del que proceden.
En FITUR, caminaron entre pabellones internacionales como embajadoras silenciosas de una España creativa, rural y contemporánea.
Ver juntos a una creadora de cuentos y a un astrónomo no es una anécdota. Es una metáfora del tiempo que vivimos.
Necesitamos ciencia para entender el mundo.
Necesitamos cuentos para darle sentido.
Castilla y León ha sabido unir ambas dimensiones en un mismo relato turístico y cultural.
La historia que se contó en FITUR 2026 lanza un mensaje poderoso al mundo rural:
No tenéis que renunciar a vuestra identidad para ser visibles.
No tenéis que abandonar vuestros pueblos para ser reconocidos.
No tenéis que elegir entre tradición o innovación.
Podéis ser ambas cosas.
Las estrellas que este año miran a Castilla y León no solo están en el cielo. Están en las personas que creen, crean y conectan.
Rosana Largo es una de ellas.
Y lo es cada proyecto que entiende que el territorio es un lugar desde el que contar al mundo quiénes somos.
FITUR 2026 nos ha regalado muchas cifras, muchos titulares y muchas imágenes. Pero, sobre todo, nos ha dejado relatos.
El de una creadora que lleva Paredes de Nava a Times Square y al Louvre.
El de un astrónomo que acerca el eclipse al territorio.
El de una Comunidad que entiende que su futuro pasa por unir cultura, ciencia y mundo rural.
En el stand de Castilla y León, los cuentos y la física se encontraron.
Y cuando eso ocurre, algo se ordena.
Porque quizá el verdadero reto no sea elegir entre mirar al cielo o contar historias, sino hacer ambas cosas al mismo tiempo.
Y en ese cruce de estrellas y cuentos, Castilla y León ha sabido brillar.

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