Hay días en los que la feria más importante del turismo internacional deja de ser un escaparate para convertirse en un lugar de recogimiento. Días en los que los pasillos llenos de acentos, trajes tradicionales, música y sonrisas bajan el volumen de golpe, porque la realidad, dura e incontestable, se abre paso.
El pabellón andaluz, habitualmente vibrante, luminoso y rebosante de vida, amaneció distinto. No faltaban los stands, ni los profesionales, ni la impecable puesta en escena que caracteriza siempre a esta comunidad, pero sí faltaba algo esencial: la alegría. Esa alegría contagiosa que Andalucía regala al mundo y que en esta ocasión quedó suspendida, como si el tiempo se hubiera detenido por respeto, por duelo y por humanidad. Eso fue lo que ocurrió tras conocerse el trágico accidente ferroviario ocurrido en Córdoba, todos los actos se suspendieron por el suceso que ha sacudido no solo a Andalucía, sino a todo el país.
El accidente de tren ocurrido en Córdoba, en un contexto ya marcado por el caos ferroviario y los retrasos que se vienen arrastrando en todo el país, dejó una herida abierta. Una herida que se coló inevitablemente entre las agendas, las presentaciones y las reuniones previstas. Porque cuando la tragedia golpea, no hay programación que la esquive ni estrategia turística que pueda mirar hacia otro lado.
Desde el primer momento, el ambiente en el pabellón de Andalucía fue de respeto absoluto. Los gestos eran más contenidos, las palabras más medidas y las miradas, más profundas. No era necesario decir nada: se notaba en el aire. Andalucía estaba de luto.
Nuestra visita al pabellón se produjo acompañados por los compañeros de la revista Sin Filtros, con quienes compartimos no solo el recorrido, sino también la sensación de estar viviendo un FITUR diferente, más sobrio, más humano. A nuestro lado, un gran profesional del protocolo, Pedro Luís Sánchez Torres, natural de Córdoba, cuya presencia aportó aún más significado a ese momento. Conocer el territorio desde dentro, sentirlo como propio, hace que el dolor sea aún más cercano.
Pedro Luís no solo nos acompañó como profesional, sino como cordobés. Y eso se notaba en cada paso, en cada silencio, en cada comentario contenido. Córdoba no era solo un nombre en las noticias: era su tierra, su gente, su memoria. Y de alguna manera, todos los que estábamos allí caminábamos con él, intentando, dentro de nuestras posibilidades, mostrar apoyo a un territorio bellísimo que atraviesa días muy difíciles.
Porque Andalucía no es solo un destino turístico. Es una tierra de personas. De familias. De historias que se cruzan cada día en trenes, carreteras, estaciones y caminos. Y cuando una de esas historias se rompe de forma trágica, el impacto trasciende cualquier frontera administrativa o promocional.
El accidente no solo dejó víctimas y familias rotas; dejó también una sensación de fragilidad colectiva. De esas que nos recuerdan que el turismo, la movilidad y el desarrollo deben ir siempre acompañados de seguridad, responsabilidad y cuidado. Que no todo vale. Que detrás de cada cifra hay vidas. Y que detrás de cada trayecto hay personas que esperan llegar a su destino.
En este contexto, FITUR se transformó por unas horas en algo más que una feria. Fue un lugar de encuentro para el respeto, para el acompañamiento simbólico y para la reflexión. Andalucía, que tantas veces ha enseñado al mundo a celebrar la vida, supo también enseñar a detenerse, a guardar silencio y a mirar de frente al dolor.
No hubo estridencias. No hubo artificio. Hubo dignidad.
Desde nuestra posición como prensa acreditada, sentimos la responsabilidad de no mirar hacia otro lado. De contar también esto. Porque el turismo no puede desligarse de la realidad social de los territorios que representa. Y porque acompañar en el dolor también forma parte de construir un relato honesto y humano.
Queremos trasladar nuestras más sinceras condolencias a todas las familias de las víctimas del accidente. A quienes han perdido a un ser querido. A quienes viven ahora con la incertidumbre, el miedo o la rabia. A quienes hoy miran los trenes con otros ojos. No hay palabras suficientes, pero sí hay un compromiso: no olvidar.
Andalucía volverá a sonreír, porque siempre lo hace. Volverán la música, los colores y la celebración de su cultura infinita. Pero estos días quedarán marcados como un recordatorio de que incluso en los mayores escaparates internacionales, la humanidad debe estar siempre por delante.
FITUR 2026 quedará en nuestra memoria no solo por lo que se presentó, sino por lo que se sintió. Y en ese sentir, Andalucía nos dio una lección silenciosa y profunda: la de parar, acompañar y respetar.
Desde aquí, desde este espacio, enviamos un abrazo sincero a Córdoba y a toda Andalucía. Estamos con vosotros.

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