Cuando hablamos de empleos verdes muchas veces pensamos en grandes proyectos, nuevas tecnologías o profesionales especializados. Pero hay una realidad mucho más cercana y concreta: la transición hacia una economía sostenible también necesita trabajadores con oficios, capacitación y ganas de aprender.
La sustentabilidad está transformando actividades que ya conocemos y, al mismo tiempo, está creando nuevas oportunidades laborales. Instaladores de paneles solares, técnicos en eficiencia energética, trabajadores de mantenimiento, especialistas en separación y recuperación de residuos, operadores de plantas de tratamiento, reparadores, recicladores, técnicos en movilidad eléctrica, instaladores de sistemas de agua eficiente, trabajadores de la construcción sustentable y personas capacitadas para producir y trabajar con materiales recuperados son algunos ejemplos de una demanda que empieza a crecer alrededor de la transformación ambiental.
Y esto es importante porque muchas de estas oportunidades no requieren necesariamente una carrera universitaria. Requieren formación profesional, capacitación específica y, fundamentalmente, competencias que puedan ser reconocidas por el mercado laboral.
Un oficio puede convertirse en una puerta de entrada a una nueva economía.
Un trabajador que hoy realiza tareas de mantenimiento puede capacitarse en eficiencia energética. Una persona que trabaja en construcción puede incorporar conocimientos sobre aislación térmica, materiales sustentables o instalación de sistemas solares. Un trabajador de servicios puede especializarse en gestión de residuos, compostaje o mantenimiento de espacios verdes. Alguien que repara electrodomésticos puede adquirir nuevas herramientas para extender la vida útil de productos y formar parte de una economía basada en la reparación y la reutilización.
No siempre se trata de inventar trabajos nuevos. Muchas veces se trata de transformar los trabajos que ya existen.
Ese es uno de los puntos centrales de la transición justa.
El mercado laboral está cambiando y las competencias que antes alcanzaban para desarrollar determinadas tareas pueden necesitar actualizarse. Por eso la formación profesional adquiere un valor enorme: permite que los trabajadores no queden afuera de las transformaciones productivas, sino que puedan ser protagonistas de ellas.
Argentina ya reconoce esta necesidad. El Empleo Verde plantea, entre sus objetivos, promover la formación profesional, la certificación y la mejora de las competencias laborales en ocupaciones ambientalmente sustentables, además de identificar nuevos roles y perfiles laborales vinculados con la transición hacia una economía verde.
La discusión, entonces, no debería ser solamente cuántos empleos verdes existen.
Tenemos que preguntarnos qué trabajadores vamos a necesitar, qué conocimientos van a requerir y cómo hacemos para que una persona pueda acceder a esas oportunidades.
Ahí aparecen los oficios como una herramienta de inclusión.
Porque capacitar a una persona en instalación de sistemas solares no significa solamente enseñarle una nueva técnica. Significa darle una posibilidad de trabajo. Formar en reparación y reutilización significa generar capacidades para un sector que puede crecer. Capacitar en separación y valorización de residuos significa transformar una problemática ambiental en una actividad productiva. Preparar trabajadores para la construcción sustentable significa anticiparse a las nuevas exigencias de un mercado que va a demandar edificios y viviendas más eficientes.
Y también significa generar oportunidades para quienes hoy tienen mayores dificultades para ingresar al mercado laboral.
Los jóvenes pueden encontrar en estos sectores una posibilidad de primer empleo. Los trabajadores que necesitan reconvertirse pueden actualizar sus conocimientos. Las pequeñas empresas y emprendimientos pueden incorporar nuevos servicios. Las cooperativas pueden fortalecer sus capacidades productivas. Y los municipios pueden convertirse en espacios estratégicos para detectar necesidades y desarrollar capacitaciones vinculadas con las demandas reales de cada territorio.
La clave está en conectar formación con mercado laboral.
No alcanza con ofrecer cursos porque son “verdes”. Una verdadera política de empleo verde tiene que preguntarse qué actividades tienen potencial, qué empresas necesitan trabajadores, qué servicios faltan en cada territorio y qué conocimientos hacen falta para cubrir esos puestos.
La formación profesional tiene justamente ese desafío: mejorar la empleabilidad y acercar a las personas a oportunidades concretas de trabajo. El sistema nacional de formación contempla capacitación y certificación de competencias como herramientas para mejorar las posibilidades de inserción laboral.
Por eso necesitamos empezar a mirar los empleos verdes desde una perspectiva diferente.
No solamente desde el ambiente.
También desde el trabajo, los oficios, la capacitación y las oportunidades.
Porque detrás de una política de reciclaje hay trabajadores. Detrás de una obra de eficiencia energética hay trabajadores. Detrás de un sistema de energías renovables hay trabajadores. Detrás de una empresa que reutiliza materiales hay trabajadores. Detrás de una ciudad que busca reducir sus residuos hay trabajadores.
La sustentabilidad no sucede sola. La hacen las personas.
Y allí aparece una enorme oportunidad para las políticas de empleo y formación: preparar hoy a quienes van a desarrollar las tareas que la economía va a necesitar mañana.
Tenemos que dejar de pensar que aprender un oficio es mirar hacia el pasado. En muchos casos, aprender un oficio es justamente prepararse para el futuro.
El desafío es que esa capacitación sea accesible, de calidad y conectada con las necesidades concretas de cada territorio. Que permita certificar conocimientos, mejorar ingresos, acceder a empleos formales y también desarrollar emprendimientos y unidades productivas.
Porque hablar de transición justa es también garantizar que nadie quede mirando desde afuera mientras cambia el mundo del trabajo.
La economía verde puede ser una oportunidad para producir de otra manera, pero también para trabajar de otra manera.
Y quizás allí esté una de las discusiones más importantes que tenemos por delante: cómo hacemos para que el cuidado del ambiente no sea solamente una política ambiental, sino también una política de empleo.
Cómo logramos que un joven encuentre en un oficio verde una primera oportunidad.
Que un trabajador pueda reconvertirse sin perder su experiencia.
Que una mujer pueda acceder a sectores tradicionalmente masculinizados.
Que una cooperativa pueda transformar residuos en trabajo.
Que una pequeña empresa pueda crear nuevos servicios.
Que una persona que hoy está buscando trabajo pueda encontrar una capacitación que realmente le abra una puerta.
Porque cuando hablamos de empleos verdes, en definitiva, no estamos hablando solamente del planeta que queremos dejarles a las próximas generaciones.
Estamos hablando también del trabajo que queremos que tengan.
Y ese futuro no está tan lejos.
Se está construyendo ahora, en cada curso de formación, en cada trabajador que incorpora una nueva competencia, en cada empresa que cambia su manera de producir y en cada territorio que decide transformar un problema ambiental en una oportunidad.
El desafío es que los empleos del futuro también sean empleos con derechos, con capacitación, con oportunidades y con dignidad.
Porque una transición verdaderamente justa no puede dejar trabajadores atrás.
Tiene que llevarlos adelante.

Fuente: Yanina Martelli – Comunicación & Noticias OdT El Observatorio del Trabajo


