El 52% de los estudiantes argentinos de 15 años carecen de una idea clara sobre su trabajo futuro. La cifra aumentó 30 puntos porcentuales en cuatro años y supera el promedio de incertidumbre laboral juvenil de los países de la OCDE (39%). Lejos de ser un número aislado, este indicador expone un fenómeno más profundo: las expectativas laborales de los jóvenes hablan más de su presente que de su futuro. La falta de certezas no necesariamente implica desinterés, sino un contexto donde proyectarse se vuelve cada vez más difícil. Incluso entre quienes sí responden, aparecen definiciones vagas o poco realistas. En este marco, la incertidumbre no es solo individual. Es generacional.
Los datos surgen del informe “¿Cómo imaginan los adolescentes su futuro laboral?”, de Argentinos por la Educación, elaborado por Guillermina Laguzzi (Organización de Estados Iberoamericanos), Juan Bonnin (CELES/ CONICET-UNSAM), Martín Nistal y Eugenia Orlicki. El contexto económico aparece como un factor clave para entender este fenómeno. La inestabilidad, la inflación y la dificultad de acceso al empleo formal moldean las expectativas de los jóvenes, que crecen en un entorno donde el futuro se percibe frágil. Distintos estudios cualitativos señalan que el miedo al futuro es una constante entre adolescentes. En algunos casos, está vinculado a preocupaciones inmediatas —como ayudar económicamente en el hogar— y en otros, a la sensación de que las oportunidades son limitadas.
Al respecto, Julio Bresso, profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral y director ejecutivo de Bresso Gestión Humana, dijo que “hay una paradoja dado que “el 94% de las empresas dice que no encuentra los perfiles que necesita, mientras los jóvenes no consiguen trabajo. Hay oferta y demanda, pero el puente no existe. Ahí está la oportunidad”. Esta incertidumbre no afecta a todos por igual. Entre los estudiantes con menor rendimiento académico, el nivel de indefinición es mayor: el 56% de quienes no alcanzan el nivel mínimo en Matemática no tiene claro su futuro laboral, frente al 38% de quienes sí lo logran.
A su vez, el factor socioeconómico profundiza la brecha: casi 6 de cada 10 jóvenes del quintil más bajo no pueden proyectar una ocupación, mientras que en los sectores más favorecidos el porcentaje baja al 39%. El informe también pone en evidencia una brecha persistente entre la escuela secundaria y el mundo del trabajo. Aunque el 85% de los estudiantes planea seguir estudiando al egresar, y el 65% proyecta trabajar, muchos lo hacen sin una hoja de ruta clara.
La falta de orientación vocacional, el escaso vínculo con el sector productivo y la ausencia de experiencias laborales tempranas dificultan la construcción de un proyecto profesional sólido. Diversas investigaciones coinciden en que los jóvenes que logran definir un plan de carrera en la adolescencia tienen mejores resultados laborales en el futuro. Detrás de esa incertidumbre aparecen años de deterioro educativo, crisis económica y desigualdad social acumulada. En ese contexto, construir un proyecto de vida deja de ser una meta clara para convertirse, muchas veces, en una incógnita.

ODT A CARGO DE YANINA MARTELI COMPACTO DE NOTICIAS 12 – 05 -2026 ( Aporte del informe por Jorge Potente)
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